Erica Di Cione, experte en bien-être intégral : La fatigue n’est pas un ennemi à vaincre avec davantage de café, de compléments ou de volonté, mais par des changements.

No llegamos a nada. Dormimos mal. Estar descansados es algo a lo que hace tiempo que ya no aspiramos, vivimos en una eterna espiral de obligaciones y tareas que nos lleva a vivir rápido pero sin saber muy bien si vamos a algún sitio concreto.
El problema es que hemos normalizado vivir cansados. Tal y como explica Erica Di Cione, profesora nacional de Educación Física y especialista en bienestar integral, a CuídatePlus, vivimos en una cultura que confunde el valor de una persona con su capacidad de producir. “Nos enseñaron que estar ocupados es sinónimo de éxito, que responder rápido es ser eficientes y que descansar es perder el tiempo o, incluso, un acto de pereza. Poco a poco, empezamos a medir nuestro valor por todo lo que hacemos y dejamos de preguntarnos cómo nos sentimos”.
A veces simplemente buscamos más, señala Di Cione: “más reconocimiento, más dinero, más logros, más experiencias, más pertenencia. Queremos alcanzar aquello que vemos en los demás, lo que parece estar de moda o aquello que creemos que finalmente nos hará sentir suficientes. Sin darnos cuenta, nos subimos a una rueda de hámster que nunca deja de girar. Corremos cada vez más rápido, pero muy pocas veces nos preguntamos hacia dónde estamos yendo”.
El cuerpo obedece a ritmos y no a agendas
El ritmo constante en la búsqueda de la productividad hace que vivamos durante meses o años en un estado de alarma del que no podemos salir. “El problema es que el cuerpo no entiende de agendas ni de productividad. Entiende de ritmos. Necesita momentos de activación, pero también de pausa. Necesita movimiento, pero también recuperación”. Ese quehacer diario, esa exigencia interna o externa hace que no interpretemos que el cansancio con el se comunica nuestro cuerpo no debe ser lo habitual, sino la señal de que hay que hacer cambios.
Según la experta en bienestar, dejamos de ser nosotros mismos porque solo nos identificamos con las tareas pendientes y reaccionamos únicamente a las demandas del entorno sin atender a lo que nosotros mismos necesitamos. Esto produce un desequilibrio, como no podía ser de otra manera, que se traduce en síntomas como:
- Ansiedad.
- Insomnio.
- Irritabilidad.
-
Sensación de vacío.
Recuperar el equilibrio
Según Di Cione, “vivimos en un mundo competitivo y que todos tenemos responsabilidades. No se trata de dejar de hacer, sino de recuperar el equilibrio entre el ser y el hacer. Porque cuando toda nuestra identidad queda sostenida únicamente por lo que producimos, el cuerpo tarde o temprano nos recuerda que no somos máquinas”.
Todo ello lleva a algo que Di Cione califica como preocupante: “Terminamos normalizando lo que no es normal. Escuchamos frases como estoy agotada, duermo pero no descanso o no llego a todo con tanta frecuencia que creemos que forman parte de la vida adulta. Pero que sea frecuente no significa que sea saludable”.
Aprender a parar
Uno de los grandes problemas con los que nos encontramos ahora mismo es que no tenemos tiempo ni para frenar un poco y observar qué está pasando y cómo lo estamos viviendo. Estamos tan metidos en el ritmo frenético que frenar es una pérdida de tiempo, siempre seguimos adelante sin hacer caso a las señales que nos envía el cuerpo.
Di Cione sugiere hacer una pausa para observarnos. “Aquello que no registramos, no expresamos o no aprendemos a regular no desaparece. El estrés sostenido, la desconexión de nuestras necesidades y la dificultad para gestionar lo que sentimos terminan impactando en nuestro bienestar”.
Tenemos que tener en cuenta que la mente y las emociones están ligadas a un cuerpo y funcionan en retroalimentación constante. “Muchas veces, el cuerpo es el último en hablar”, aunque ya hubiéramos tenido algunos pensamientos, emociones o señales a las que no hicimos caso. El hecho de no escucharnos acaba por hacer que sea el cuerpo el que de la voz de alarma.
Por eso Di Cione señala que “el cansancio no es un enemigo al que haya que vencer con más café, suplementación o más fuerza de voluntad. Es un mensaje. Una invitación a revisar cómo estamos viviendo y qué lugar nos estamos dando a nosotros mismos. El bienestar no comienza cuando desaparece el agotamiento; comienza cuando dejamos de considerar que el cansancio es el precio inevitable de vivir y recuperamos el equilibrio entre el ser y el hacer”.
Cambiar desde el origen
La experta en bienestar comenta que el mundo en el que vivimos hace que busquemos soluciones rápidas a aquello que nos produce malestar. Si no dormimos bien o si nos duele algo recurrimos a las pastillas. “Aliviar un síntoma muchas veces es necesario, pero el verdadero cambio comienza cuando, además de aliviarlo, nos preguntamos por qué apareció”.
El origen no suele obedecer a una única causa sino mirar todo lo que nos rodea y preguntarnos realmente cómo nos encontramos, cómo dormimos, si respiramos profundamente y cómo lo hacemos, en qué punto están nuestros niveles de estrés, cómo nos alimentamos, cuánto tiempo me dedico.
Por eso Di Cione apunta que “muchas veces podemos comenzar ese proceso solos, desarrollando mayor capacidad de observación. Otras veces necesitamos la ayuda de un profesional que nos acompañe desde la psicología, la medicina o la fisioterapia, según cada situación. Lo importante es no quedarnos únicamente con la pregunta de cómo hacer desaparecer el síntoma, sino también preguntarnos qué nos está mostrando acerca de nuestra forma de vivir”.
Se trata de entender « qué está manteniendo a tu sistema nervioso en estado de supervivencia para aprender a regularlo desde la raíz y dejar de vivir apagada. Recuperas la presencia, vuelves a disfrutar de las pequeñas cosas y, poco a poco, vuelves a reconocerte. »
Anticiparse a la molestia
Volver a sentirse uno mismo es posible, pero lo ideal es anticiparse a que el cuerpo deba quejarse en forma de ansiedad, insomnio, irritabilidad… “Cada vez que una situación nos genera miedo, tristeza, enojo, frustración o angustia, tenemos una oportunidad de atender esa experiencia antes de seguir acumulándola. Habitar una emoción significa permitirnos sentirla, darle un espacio, comprender qué información trae y encontrar una manera saludable de expresarla”.
Esa expresión de una emoción no es pronunciarla sin filtro, sino liberarla. Para ello podemos desahogarnos con un amigo ou con un profesional, écrire un diario, practicar la respiración consciente, mover el cuerpo, meditar… Cualquier camino es bueno para aprender a escucharnos. “Cuanto más presentes estamos con nosotros mismos, menos necesitamos que el cuerpo levante la voz para captar nuestra atención”.
À propos de l'auteur
Dr Jean-Pascal Del Bano
Médecin spécialiste en biologie clinique, cofondateur du groupe Le Guide Santé, le Dr Jean-Pascal Del Bano est le directeur de la rédaction du site Le Guide Santé. Après un parcours dans divers domaines complémentaires de la santé (laboratoire de biologie médicale, direction médicale de cliniques, centre de rééducation cardiaque), il a acquis une très bonne connaissance du monde de la santé et notamment du secteur hospitalier. Le Dr Del Bano a également été médecin responsable du traitement de données de plusieurs palmarès des hôpitaux édités dans la presse écrite et numérique.
